No podré borrar las huellas de las ganas, las huellas de lo pasado.
No podré olvidar ese ruido muy lejano, ese calor inhumano, cerré los ojos.
Era demasiado. Me perdí en el rojo de las llamas...
Ardí y en el mismo fuego volé, liberada.
Un instante y ya, todo acabó. Ese fue el fin.
Y con estas 8 frases, describí nuestro pecado.
Me miraste, intenté esquivarlo y no pude: la culpa. Sabíamos que no se iría y ahí estaba.
Qué haremos, me preguntaba. Sabíamos las reglas, aceptamos y ahora se nos hacía muy pesada la carga.
Te miré y lo supimos. Sucumbimos, no había salida, habría que seguir.
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