Oh, querida libertad, qué lindo sabor...
Por las calles de esta ventosa ciudad, de vuelta a las andadas, se me oye pasar. Alguna que otra mirada he pillado cuando caminaba hasta el bar, apuro el cigarro antes de entrar, a ver qué tal la noche.
Entro, un par de saludos, y me apoyo en la barra. De mis labios, una sola palabra:
-Tequila.
Coro de ángeles en tres sílabas.
Pero qué bueno es vivir, pensé al remojarme los labios. Estaba escapando, aunque por poco tiempo. Una copa, dos, un par de frases con alguno... Y me sentí como pez fuera del agua. Vaya. Me incomodaron algunas miradas, en realidad hoy no quería nada. Estaba en el peor de los lugares posibles.
Oh, oh. Ya llega. Esa sensación de vacío. Perdí el contro con 4 copas y media, genial...
Yo era libre, sabes?
Hacía lo que me daba la gana cuando me daba la gana, pero me hicieron presa dos besos tontos una noche, y aquí estoy suspirando para nadie. Tu sonrisa, tus miradas furtivas y un bailecito en una discoteca me hicieron enredarme en 14 meses de encierro en lo peor: el amor. O supuesto amor. Ya, qué más da! Pero brindo por ello, fue glorioso, aunque tuvo un final muy feo, para qué engañarnos. Lo mejor es quedarse con lo bueno, me dijiste.
Reí sola en la barra de aquel bar. Lo bueno? El tequila de los viernes, y aquí estamos... De qué me vale lo bueno si no estás aquí para disfrutarlo? Qué asco de todo lo vivido, qué asco todo lo que salió de tu boca, qué asco todo lo que salió de la mía: tenía fecha de caducidad, acabó siendo pura basura.
Pero brindo por ti y aquellas noches en que pensé que esto nunca acabaría; aunque te digo una cosa: maldita falta me hacías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario